¡Después de tantos años vuelvo a estudiar! No exactamente porque me apetecía mucho hacer este curso: entornos de trabajo 2.0. Las personas que sigáis habitualmente este blog os habréis percatado de que últimamente hablo mucho de internet y del palabro 2.0. Este curso es una buena oportunidad para seguir profundizando en este tema, poder aprender y sacar conclusiones que luego pueda proponer en Lokarri para mejorar nuestra actividad social.
Con retraso, pero ya he preparado el primero de los trabajos del curso. El contenido de lo que nos han pedido los profes, entre ellos Julen Iturbe, lo explica mucho mejor Iñaki Ortiz: "se trata de hacer una reflexión personal sobre los factores que caracterizan la sociedad del conocimiento y su influencia sobre nuestras organizaciones". La idea del curso es que no consista sólo en aprender, que sea también una oportunidad para generar conversación, por lo que he decidido publicar aquí mi aportación a esta cuestión, al igual que ya lo ha hecho el mencionado Iñaki en su blog.
En cuanto al tema que se plantea he decidido responder teniendo en cuenta el punto de vista de las asociaciones ciudadanas, compartiendo una serie de reflexiones sobre los dos factores que más afectan a su actuación en la sociedad.
En mi opinión, los dos factores a destacar serían:
- el micromarketing y más oferta que demanda y
- la explosión de la web social
Micromarketing y más oferta que demanda en los movimientos sociales.
Hace ya algunos años la organización ciudadana en la que desarrollo mi actividad se propuso innovar en las formas de participación en los movimientos sociales. Generalmente ésta se ha entendido íntimamente ligada al sentido de pertenencia. Si te apuntabas a un grupo pasabas a formar parte de su estructura de reuniones periódicas, pago de cuotas, toma de decisiones y desarrollo de campañas. La figura del militante, heredada de los años 70, era la única que permitía la implicación en las actividades de la asociación. El ejemplo que usábamos era entender el grupo como un jardín, muy bello por dentro, pero rodeado de una alta valla a la que sólo se podía acceder por una puerta: la militancia.
En una decisión arriesgada tratamos de derribar la valla y mostrar lo que había dentro del jardín. De esta manera, también eliminamos la puerta de entrada a la organización. Cualquier persona podía entrar en ella, participar según sus inquietudes y disponibilidad, ser sujeto en la toma de decisiones y conversar con la organización en los temas que le interesasen. El paso dado se puede resumir de la siguiente manera: se pasó de una participación restrictiva y muy reglada, aunque también intensiva, a una puntual, donde cada persona decide en qué participar y el grado de implicación en tiempo, esfuerzo y dedicación.
Esta filosofía se encuentra ahora ante el reto de facilitar esta forma de participar aprovechando los recursos que ofrece la web 2.0. Los movimientos sociales ya no deben “competir” sólo entre ellos por implicar a más personas. Han aparecido formas de impulsar reivindicaciones ciudadanas muy volátiles, adaptables a las circunstancias, cortas en el tiempo y generadas en red. El ciberactivismo permite poner en marcha iniciativas intensas, en ocasiones hiperlocales, pero también con capacidad de superar las fronteras e incluso de fomentar la implicación en la calle.
Los movimientos sociales de corte más tradicional, no tanto por ser estructuras, sino la suma de muchas voluntades ciudadanas individuales, no pueden ver esta realidad como un riesgo; es una oportunidad. Las iniciativas no deben quedarse en lo meramente reivindicativo porque también tienen que ofrecer formas de participación e implicación que sean flexibles. En este sentido, la web 2.0 permite abrir el abanico y dar respuesta a las inquietudes y posibilidades reales individuales de cada una de las personas dispuestas a ofrecer parte de su tiempo por una buena causa.
El efecto de la explosión de la web social en los movimientos sociales.
Antes ponía el ejemplo del jardín. Se puede dar un paso más. La web social ha hecho que ya no haya un solo jardín. Ahora cada persona puede montar su propio jardín. Trataré de explicarlo. Los movimientos sociales eran la voz de una serie de preocupaciones sociales, el canal desde el que influir en las instituciones y en el conjunto de la ciudadanía para provocar un cambio en una determinada situación que afectaba a la sociedad. Esta voz era en gran medida monolítica, sin matices. Cada persona se adhería a uno de estos movimientos ciudadanos por una coincidencia amplia con sus planteamientos, aunque no total.
La web social ha provocado que cada persona pueda tener su propia voz, su espacio donde manifestar sus opiniones con libertad y con todos los matices que considere conveniente. Podrá hacerse eco de iniciativas sociales porque las comparte y en otras ocasiones criticarlas al mantener una posición diferente. La web social también contribuye a que cada persona pueda generar nuevas ideas o reflexiones, con la ventaja de que puede conversar sobre ellas con otras personas sin necesitar la intermediación de la estructura de un movimiento social.
En esta situación, los movimientos sociales pueden hacer dos cosas.1) dar la espalda a esta realidad, como está ocurriendo de forma mayoritaria o 2) fomentar la creación de flujos de intercambio, relación, diálogo y escucha con los nuevos jardines ciudadanos que han ido surgiendo. Mi apuesta es clara por la segunda de las opciones, aunque he podido comprobar que no es una tarea sencilla ya que se encuentra también con un reto añadido: cómo hacer confluir la conversación que tiene lugar en la web social con la que se desarrolla en la “vida presencial”.